8 jun. 2014

Alguien ha trucado la brújula


Ayer estuve en la manifestación que reclamaba un referéndum sobre el modelo de estado y la apertura de un proceso constituyente. Uno tiene entre otras, la creencia de que una persona es más libre cuando puede elegir; y si esta idea la hacemos extensiva a la sociedad, el que su principal mandatario sea impuesto, bien sea, por la fuerza de las armas o de la cuna, le produce un choque intelectual y emocional difícil de soportar; como lo es el hecho de que esto se lleve a cabo con el beneplácito de un partido históricamente de izquierdas y con las palabras socialista y obrero en su nombre.

La experiencia hace que me sorprenda con poca frecuencia; pero no negaré que ayer me sorprendió no ver ninguna bandera o símbolo del PSOE en dicha manifestación. Este partido tiene más de doscientos mil militantes ¿Qué hace que ni uno sólo se manifieste como socialista y republicano? No puede afectar a tanta gente la férrea disciplina que sus diputados anuncian para la próxima votación en el congreso y, tampoco creo que sea el miedo a expresar sus convicciones. Sólo se me ocurre, que sea: el desconcierto creado por una indudable falta de identidad. Una desorientación a la que se han visto abocados por unos dirigentes que han dejado a su partido con muchas deudas. Una, millonaria con los bancos, que éstos, muy amablemente le han condonado. La otra, mucho más terrible y fruto en parte de la anterior: una terrible falta de coherencia.

No puedo ver con buenos ojos que apoyen una monarquía impuesta, en aras de la política de estado y la estabilidad ¿A que política de estado aluden? ¿Se  refieren al estado oligárquico, en que las élites económicas imponen su poder en detrimento  de los más débiles con un reparto injusto de la riqueza? ¿Estabilidad para quien? Que le hablen a los de Panrico o a los de Coca Cola de estabilidad, por poner un ejemplo entre seis millones de personas que no saben lo que será mañana de sus vidas. Una vez más se han traicionado a sí mismos, creando, si cabe, más confusión. 

Cada uno tiene que saber quien es, qué es lo que quiere y como conseguirlo; a mi, me parece que son como un niño pobre, que viendo jugar a una pandilla de niños ricos, acepta sus reglas para que le dejen participar en sus juegos y no sentirse excluido. 


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