19 abr. 2015

Carta a Valentin: el abuelo cuentacuentos. (A Carla y Ruth)



“Yo no sé muchas cosas, es verdad. 
Digo tan sólo lo que he visto. 
Y he visto: 
Que la cuna del hombre la mecen con cuentos, 
que los gritos de angustia del hombre los ahogan 
con cuentos, 
que el llanto del hombre lo taponan con cuentos, 
que los huesos del hombre los entierran con cuentos, 
y que el miedo del hombre… 
ha inventado todos los cuentos.”

Cuando León Felipe escribía esto, dejaba muy claro que los cuentos no son inocentes, que tienen un fin, un objetivo, y éste no es, en la mayoría de las ocasiones, confesable, limpio, desinteresado. Quizás es por lo anterior por lo que la palabra cuento, tiene una acepción tan negativa y el cuentista es considerado como una persona que: “acostumbra a contar enredos, chismes o embustes.”

El cuento es fundamental en el proceso de socialización de los miembros de una sociedad. Las bases  que soportan todas las culturas y todas las religiones están construidas con cuentos. Es por esto que son un arma demasiado poderosa para ponerla en manos de desaprensivos cuyo fin es formar personas domesticables, sumisas, y dentro de la norma, su norma, la que ellos consideran que se debe seguir para ser normal. 

Por eso defiendo y me identifico con la inocente anomia de José Agustín Goytisolo cuando nos 
contaba:

Érase una vez
un lobito bueno
al que maltrataban 
todos los corderos.

Y había también
un príncipe malo,
una bruja hermosa
y un pirata honrado.

Todas estas cosas
había una vez.
Cuando yo soñaba
un mundo al revés.



A Carla y Ruth; y a sus padres para que nunca dejen de contarles cuentos. Los buenos cuentos.



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