5 ene 2014

No me gusta


No me gusta que un joven se tire un pedo en la mesa y resulte gracioso. No me gusta que a un anciano se le caiga la dentadura o haga ruido con la cuchara y haya que darle de comer aparte. No me gusta ser el que siempre cede el sillón. No me gusta la falta de dialogo. No me gusta quien quiere llevar la razón siempre. No me gustan los que dicen a los demás como deben de vivir. No me gustan los que aparentan. No me gustan las chirimoyas. No me gusta huir del silencio. No me gusta el humo irrespirable. No me gusta esconderme pero tampoco exponerme. No me gustan los que no escuchan. No me gustan los que se quejan constantemente sin hacer nada por cambiar, ni los que quieren ventaja o privilegio. No me gustan quienes se consideran superiores o puros o genuinos, representativos, salvadores. No me gustan los que alardean, se jactan, se ríen de los demás. No me gustan los que no comparten, acumulan, roban, atesoran. No me gustan los que se cuelan, empujan, adelantan por la derecha, pisan, invaden. manchan, contaminan. No me gustan los que violan, obligan. No me gustan los que engañan. No me gustan los que matan. No me gusta la sociedad en que vivo. A menudo, no me gusto ni yo mismo.

23 dic 2013

Mi deseo de bienestar para el 2014



Un hombre de negocios pasaba sus vacaciones en un pueblo costero. Una mañana advirtió la presencia de un pescador que regresaba con su destartalada barca. "¿Ha tenido buena pesca?", le preguntó. El pescador, sonriente, le mostró tres piezas: "Sí, ha sido una buena pesca". El hombre de negocios miró al reloj: "Todavía es temprano. Supongo que volverá a salir, ¿no?".

 Extrañado, el pescador le preguntó: "¿Para qué?". "Pues porque así tendría más pescado", respondió el hombre de negocios. "¿Y qué haría con él? ¡No lo necesito! Con estas tres piezas tengo suficiente para alimentar a mi familia", afirmó el pescador. "Mejor entonces, porque así usted podría revenderlo". "¿Para qué?", preguntó el pescador, incrédulo. "Para tener más dinero". "¿Para qué?". "Para cambiar su vieja barca por una nueva, mucho más grande y bonita". "¿Para qué?". "Para poder pescar mayor cantidad de peces".

"¿Para qué?". "Así podría contratar a algunos hombres". "¿Para qué?". "Para que pesquen por usted". "¿Para qué?". "Para ser rico y poderoso". El pescador, sin dejar de sonreír, no acababa de entender la mentalidad de aquel hombre. Sin embargo, volvió a preguntarle:
"¿Para qué querría yo ser rico y poderoso?". "Esta es la mejor parte", asintió el hombre de negocios. "Así podría pasar más tiempo con su familia y descansar cuando quisiera". El pescador lo miró con una ancha sonrisa y le dijo: "Eso es precisamente lo que voy a hacer”.


Fuente: Borja Vilaseca. Diario El País







15 nov 2013

TAO



No hace la codicia que suceda lo que queremos, ni el temor que suceda lo que recelamos. Francisco de Quevedo

8 dic 2012

VOLVER


Vuelvo buscando estrellas para respirar; me ahoga el hedor del enorme lodazal en que estamos chapoteando desde que nos robaron el suelo sobre el que se asentaban nuestras vidas.

29 mar 2012

El flautista de Hamelín

Dejadme que os cuente un cuento. Érase una vez un perro - flauta, que haciendo sonar su bello instrumento, arrojo todas las ratas al río.

Y... colorín colorado, este capitalismo salvaje...

19 mar 2012

La extraordinaria belleza de lo sencillo

Me interesa la vida de los que a pesar de haber nacido en las peores circunstancias son capaces de ser útiles o, ver, valorar,  e incluso,  practicar la belleza en todas sus facetas; de hacer de su vida y de los que los rodean una experiencia agradable. Para los filósofos ociosos era muy fácil filosofar, no lo era tanto para los metecos o los esclavos. Cuando tienes la mesa puesta y otros te limpian la inmundicia que generas, puedes dedicar todo tu tiempo a pensar. Las que a mi me interesan son aquellas personas que, superando la titánica tarea de cubrir sus necesidades básicas y las de su familia, son capaces de educar a sus hijos en la igualdad y la solidaridad, cuidar a sus enfermos, ayudar a morir a sus ancianos con dignidad y sin dolor, dar y amar  por el placer de hacerlo y además, son capaces de ver el vuelo de un pájaro, sentir la caricia del viento o la del sol del invierno. Por eso me atrapa la extraordinaria belleza de lo sencillo. Por eso disfruto leyendo a Miguel Hernández.