1 oct 2016

Nuevo diccionario de la lengua: Usurpación

Usurpación.

1.  Apropiación, por un representante, de las prerrogativas concedidas por su representado haciendo caso omiso de lo encargado por éste.


22 nov 2015

Estas imágenes deben herir su sensibilidad

Sólo le pido a Dios
Que que el dolor no me sea indiferente
Que la reseca muerte no me encuentre
Vacío y solo sin haber hecho lo suficiente



Sólo le pido a Diós
 Que lo injusto no me sea indiferente
Que no me abofeteen la otra mejilla
Después de que una garra
me arañó esta suerte



Sólo le pido a Diós
 Que la guerra no me sea indiferente
Es un monstruo grande y pisa fuerte 
Toda la pobre inocencia de la gente





Sólo le pido a Dios 
Que el engaño no me sea indiferente
Si un traidor puede más que unos cuantos
Que esos cuantos no lo olviden fácilmente


Sólo le pido a Dios
Que el futuro no me sea indiferente
Desahuciado está el que tiene que marchar
A vivir una cultura diferente

















3 nov 2015

La Caverna


Volvían a ser invisibles. La hoguera se había consumido y sus sombras fueron absorvidas por la oscuridad de la cueva; hacinados, y sujetos con grilletes, de espaldas a la entrada y en completa oscuridad, al ritmo del tambor contaban en un bucle infinito: tam, uno, tam, dos, tam, tres… En la entrada, guardias tuertos, siervos de Pluto, vigilaban que la hoguera sobre la tumba del filósofo se mantuviera apagada. 

El autobús frenó bruscamente. Volvió en sí y con los exámenes de sus alumnos bajo el brazo caminó hacia el instituto. El lunes, algunos faltarían a religión y le acompañarían a apuntarse al paro.




La muerte de Sócrates.  Jacques Louis David



13 sept 2015

Nuevo diccionario de la lengua: Refugiado


refugiado/da
(Del part. de refugiar).

1. m. y f. Persona que, a consecuencia de guerras, revoluciones o persecuciones políticas, se ve obligada a buscar refugio fuera de su país.

2.  En España, Persona sospechosa de terrorismo.

8 ago 2015

El sol de lava


Cuando era niño vivía con mi familia en la casa del valle. Éste discurría entre dos vertientes que serpenteaban acompañando el curso del río de norte a sur entre enebros y pinares; en un remanso frente a la casa se elevaba majestuoso un álamo negro que cuando soplaba brisa movía sus hojas en una danza suave que te atrapaba quedando hipnotizado y despertando con todas las heridas del alma embalsamadas o curadas. Cada amanecer, al suroeste, una leve mancha dorada descendía como una lava suave que inundaba la ladera  hasta que llegaba al fondo; entonces en un estallido silencioso aparecía el sol tras las montañas del nordeste y el valle resplandecía de una luz blanca.

Aquella terrible mañana la luz tenue de los primeros rayos descendía por la ladera como cada día pero al tocar el valle el sol no explotó como siempre tras las montañas del nordeste si no que apareció un globo anaranjado que tiño todo del color del fuego, el cielo estaba cubierto por una pátina de sombra y el aire  era espeso y olía a muerte. Dejó de escucharse el canto de los pájaros, todo se oscureció y el valle se tornó infernal.

Mis padres montaron a los los perros en la parte de atrás de la furgoneta y huimos en sentido contrario a las llamas. Al mirar atrás pude ver al álamo rodeado como una presa entre la jauría que lo devora. Esa fue la última vez que lo vi. Aquella noche intenté dormir en una colchoneta en el campo de baloncesto de un polideportivo lleno de gente pero cada vez que cerraba los ojos, solo veía muerte, desolación, tinieblas y aquél globo naranja que se derretía en lava y caía como lluvia de fuego arrasándolo todo. 

No recuerdo el tiempo que estuve allí pero me juntaba con un niño de mi edad con el que pasaba largos ratos. Desde el primer momento que estuve con él tuve la sensación de que era presa de alguna enfermedad. Lo supe por que no podía ver lo mismo que yo. En lo que yo veía un árbol donde los pájaros construían nidos donde alimentar a su crías, él veía madera para construir muelles donde amarrar barcos. Donde yo veía animales él veía comida. Si le hablaba de mis juegos, me preguntaba cuanto me habían costado. El pobre no sabía que bañarse en el río, lanzar una piña a Porthos, o subirme al álamo no me costaba nada, al contrario era placentero y disfrutaba haciéndolo. 

Aquella mañana el sol penetró por los altos ventanales del polideportivo. Las puertas se abrieron de par en par y aparecieron al contraluz dos figuras que penetraron en la estancia dejando una explosión de luz a sus espaldas, avanzaron entre las colchonetas hasta donde dormía mi amigo y llevaron detenido a su padre. Le vi abrazado a su madre con los ojos secos. Fue entonces cuando estuve convencido de su enfermedad y sentí mucha tristeza por él. 

Hoy vivo en otro valle distinto donde hay otro río que discurre sinuoso por una garganta donde tardan en llegar los primeros rayos del sol. Athos a sustituido a Porthos y puedo hablar de todo con nuestros hijos; nos entendemos con ellos por que al mirar a nuestro alrededor vemos las mismas cosas y todo tiene para nosotros el mismo significado, no confundimos el precio y el valor de las cosas, sabemos que lo que más valor tiene, en la vida, no cuesta nada, es gratis, es un maravilloso regalo.

(A mis sobrinos Samuel, Ada, Carla y Ruth)



(Cuentos de Carmen Domínguez)

2 jun 2015

Amanecer en Irati


-La inquisición no tardará en llegar- dijo Teresa-, y ocultó el saco en un cubo  que colgaba de la garrucha del pozo.

 Amanecía y las primeras luces daban un tono azulado a la casa del bosque. Marta alejada del cristal de la ventana los vio aparecer entre la bruma. Llegaron como llegan el granizo y la tormenta, buscaban libros, lecturas prohibidas que no encontraron. Al marcharse, la casa quedó, como queda todo al pasar la tempestad. Marta los vio perderse entre la maleza como si fueran alimañas. 

Despertaban los sonidos del amanecer, una ligera brisa meció el cubo que colgaba de la garrucha arrancando un leve chirrido y el pozo devolvió como un eco profundo el llanto de un recién nacido.