10 ene. 2014

Gracias, Almudena Grandes.


Artículos como el siguiente de Almudena Grandes, hacen que no me sienta solo.


Es un proceso largo y misterioso. Cada uno de nosotros se va forjando a sí mismo sin ser muy consciente de cómo, cuándo, por qué lo hace. La identidad se construye primero a tientas, sobre elecciones que se toman por instinto al leer un libro, al ver una película, al enfrentarse a un conflicto. La adolescencia de los humanos es complicada porque es muy difícil ser a la vez una persona completa y otra a medio hacer. Luego, las piezas encajan sin que lleguemos tampoco a ser conscientes del mecanismo que las ha integrado. Aunque, a veces, ocurre. A veces, unas pocas palabras nos llaman por nuestro nombre para afirmarnos en lo que somos.
Jesús María Silva, uno de los abogados de Cristina de Borbón, ha declarado que no descarta renunciar al recurso contra el acto del juez Castro, para darle la oportunidad de que se realice como persona. Conmigo, desde luego, lo ha conseguido. Al escucharle, me sentí plenamente realizada en lo que soy, en mi admiración por latenacidad y la abnegación de un servidor público intachable, en mi convicción de que la igualdad de los españoles ante la ley debe llegar hasta las más altas instancias del Estado, y en el desprecio que me inspira la arrogancia de quienes se consideran por encima de sus semejantes. Que la arrogancia de Silva sea delegada, atribuible a la superioridad de su defendida, agrava la falta de respeto hacia un juez que representa la autoridad del Estado español. Si no hubiera pensado, desde mi adolescencia, que lo peor de España es la gente como él, hasta le agradecería que me haya dado tan estrepitosamente la razón.

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