18 may. 2014

La ilusión de elegir


Tanto, Layo rey de Tebas, como su hijo Edipo, creyeron en los vaticinios del oráculo de Delfos he intentaron usar su libertad para huir de sus terribles augurios. Pero su capacidad de elegir camino no los libró de su destino y Edipo terminó ciego tras matar a su padre y casarse con su madre.

Desde el principio de los tiempos, el hombre se debate entre el determinismo o el libre albedrío. La curiosidad, la soberbia de unos mamíferos con cultura, o ambas cosas, hace que filósofos y teólogos a lo largo de la historia se apunten a uno o a otro, o incluso a la mezcla de los dos, con el ambicioso deseo de conocer la verdad, bien sea revelada, o fruto de nuestra inteligencia de monos avanzados.

Las religiones han hecho de éste, un debate que mezclan el determinismo de dioses que lo conocen y lo pueden todo, incluso nuestra salvación, y el libre albedrío de los humanos que desafía el determinismo de los dioses y se condenan al castigo eterno si sus decisiones no son las acertadas, aunque ya estuvieran determinadas de antemano. 

La vida es sueño, decía Calderón; desde mi punto de vista, sólo para reyes y poderosos. Para los súbditos que no tenían nada era una pesadilla muy real. Para el don nadie que quisiera cambiar su destino le quedaban pocas opciones: el suicidio o el destierro, ya que ni el magnicidio estaba a su alcance.

En la actualidad vivimos en lo que llamamos una democracia capitalista donde se nos transmite la ilusión de que podemos elegir. Los que realmente pueden, es decir los poderosos y los acomodados, se les llena la boca con la libertad y nos hacen soñar, como Calderón,  con que podemos. Estos días nos bombardea una prestigiosa y muy exclusiva marca de automóvil con este mensaje: “Puedes comprar una casa, pero no un hogar, puedes comprar un reloj pero no tiempo, puedes comprar un libro pero no conocimiento, puedes comprar sexo pero no amor”, “Puedes comprar un coche” pero no de nuestra marca que es exclusiva y para personas que pueden elegir. No obstante, si dispones de la módica cifra de treinta mil euros, termina diciendo: “Ahora puedes”. En la mayor crisis del capitalismo que se recuerda, donde la gente está siendo expulsada de sus casas y la pobreza crece por doquier, es realmente obsceno hacerles soñar que pueden, para que vivan la ilusión de que son libres cuando no lo son.

Las mismas premisas obscenas se repiten en un sufragio universal donde la representación se puede convertir en usurpación si los supuestos representantes mienten a sus representados para conseguir patente de corso durante cuatro años y arrogarse un poder que no les corresponde, apoyándose en la idea de que representan la libertad de elegir de los ciudadanos. La gran masa votante, tiene la ilusión de ser dueña de su destino, pero no es así.

Al final, La eterna lucha entre determinismo y libre albedrío puede terminar, como para Edipo, en tragedia. Esta semana las televisiones nos contaban la historia de Mariam; una mujer sudanesa, que recibirá 100 latigazos y después morirá en la horca. Es la consecuencia de su decisión de renunciar al islam para casarse con un cristiano. Está embarazada de ocho meses, después de dar a luz se le “permitirá” amamantar a su hijo y luego será ejecutada. Mariam tomó una decisión y cambió su vida por su albedrío, por tanto, su hijo está destinado a ser un hijo nacido de la libertad pero, está claro que la decisión de los poderes religiosos y políticos prevalece sobre la suya y si encima tiene una niña, la tragedia estará servida en su peor versión posible. 



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